Celebramos 533 años de la Bula Inter Universa 

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La Orden de la Inmaculada Concepción está de fiesta. Cada 30 de abril festeja la aprobación por parte de la Iglesia de la Bula Inter Universa, un documento emitido en 1489 con el que se autorizó a fundar el Primer Monasterio en honor a la Inmaculada Concepción. 

Nuestra Orden se conoce comúnmente como Concepcionistas Franciscanas y fue fundada por Santa Beatriz de Silva. Ella, mujer de un gran corazón dócil, encontró en María Inmaculada, un camino ejemplar de llegar a Cristo. 

A lo largo de los siglos y con la propagación del Dogma de la Inmaculada, seguimos siendo faros y escaleras para llegar a Cristo, a través de María por medio de la oración y vida. Esta labor de divulgación la hemos hecho durante más de 500 años ayudadas por la Orden Franciscana, con quienes nos une un vínculo mariano.  

A continuación os explicamos el significado de las imágenes que compartimos en este post y que reflejan el sentir Concepcionista Franciscano.

Abajo de este párrafo destaca una pintura de Santa Beatriz de Silva con la Reina Isabel, firmando la súplica que enviaron al papa Inocencio VIII. A la derecha una fotografía del documento original de la Bula Inter Universa. Las otras cuatro imágenes forman parte de momentos especiales de la vida de una Concepcionista: el gesto de humildad al postrarse en la Profesión Solemne; el momento en el que la abadesa coloca la alianza del desposorio con Cristo de la hermana que profesa; la Inmaculada Concepción como ejemplar de vida y momentos de celebración de una comunidad.

¿Cómo celebramos esta fiesta en los monasterios?

En la Orden y en cada monasterio conmemoramos cada año esta fiesta con gran alegría. Para ello, preparamos y ambientamos muy bien la Eucaristía y la liturgia con símbolos y cantos propios. 

Cada año celebramos este aniversario en convivencia fraterna. Las hermanas rememoramos nuestra propia vocación y compartimos en comunidad la experiencia de la llamada personal que Dios nos hizo a cada una.

¿Sabes cuáles son los pilares en los que se fundamenta nuestro carisma? Son tres: servir, contemplar y celebrar el Misterio de María. A continuación te explicamos cada uno de ellos. 

Carisma: Servir

El servicio al Altísimo, lo recibimos de la Virgen María, que en su total disponibilidad a los planes de Dios no reservó nada para Ella. Nuestra Madre Beatriz siguió su ejemplo. Se puso en camino, abandonando la Corte para disponerse a lo que Dios le pedía. Sirvió a Dios con todo su ser y la contemplación fue su apostolado.

¿Cómo podemos vivirlo nosotros hoy?

Poniendo a Dios en el centro de tu vida, rezando por quienes tienes cerca, siendo ejemplo de buen cristiano donde estés y no negando a Dios lo que te pida.

Carisma: Contemplación

Una vez que hemos entendido el sentido “servicio”, como fruto de esa disponibilidad vivimos la contemplación.

Así, situadas ante la contemplación y el servicio, no surge otra cosa que la fascinación por la belleza y hermosura de una mujer, que supo ganarle el corazón a Dios. Esa fue la Virgen María que guardaba en su corazón todo lo que veía en Jesús.

Aquí hay una clave importante y es que no nos quedamos en una contemplación puramente mariana, sino que nos centramos en Cristo, que nos ha llamado a estar con Él. Cristo y María son encuentro oracional de toda vida y vocación Concepcionista.

Somos monjas de vida contemplativa, dedicadas completamente a la oración y nuestra propia vida es una ofrenda a Dios.

¿Cómo vivir la contemplación hoy?

Tomando como modelos a la Virgen María y Santa Beatriz, para que ellas te guíen en el camino del silencio y experiencia de encuentro personal con Cristo.

Carisma: Celebrar

Es importante la manera como cada carisma se expresa desde sus primeros orígenes. En nuestro caso es la manera de celebrar en la liturgia y el simbolismo festivo de los colores del hábito.

Nuestras celebraciones litúrgicas, están impregnadas de alabanza mariana que canta a María por la obra que Dios hizo en ella.

Esta celebración se expresa también con los colores de nuestro hábito, que hablan del triunfo de la gracia sobre el pecado. El blanco y el azul jacinto del manto simbolizan la pureza del alma de la virgen. Ella es modelo limpio para las que vivimos en contemplación y en actitud de servir al Altísimo.

¿Cómo contribuir a estas celebraciones marianas?

Podemos contribuir con un corazón misionero, que está alegre porque ha conocido la alegría de la salvación de Cristo, ayudando a preparar la liturgia de las celebraciones Eucarísticas con cantos, antífonas y fiestas de la Virgen. También puedes hacerlo dando a conocer la Vida Concepcionista y si vives cerca de de un monasterio, visitar a las hermanas y pedirles que oren por ti. 

De este modo hemos querido explicar algunos rasgos que nos definen y unen a todas las hermanas. Decir Concepcionista es vivir las virtudes de la Virgen en el seguimiento de Cristo.

El monasterio es el lugar donde vivimos nuestra vida en comunidad fraterna, en silencio, oración, trabajo y en la atención a las personas que nos piden que oremos por ellas.

Si deseas conocer más sobre nuestra vida, ponte en contacto con el monasterio más cercano para recibir información. Aquí encontrarás los que pertenecen a nuestra federación.

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