María de San Pablo

Nació en Madrid, y acaso en el mes de marzo de 1537. Fueron sus padres don Bernardino de Ugarte, oriundo de Guipúzcoa y doña Isabel de Sarabia, natural de Espinosa de los Monteros (Burgos), ambos pertenecientes a la nobleza española. Su hermana, también religiosa fue Inés de San Pablo.

Vistió el hábito de la Orden de la Inmaculada Concepción en el año 1567 al ingresar al convento de La Latina y se llamó en adelante Sor María de San Pablo.

Sumisa en la orientación de sus directores de espíritu, se fue adentrando en el trato y coloquios con Dios, penetró en los misterios fundamentales de la religión, fue comprendiendo el don de la vocación religiosa.

María de San Pablo plasmó su temor de vida recoleta en el fondo, naturalmente, de la Regla propia de la Orden, que tan puntualmente venía observando en su convento de La Latina. Lo peculiar está en las Constituciones que ordenó, caracterizadas por mayor austeridad en las viandas, restricciones de visitas de seglares y espíritu de ermitaño con tiempo más prolongado de oración.

Ella fallece el 22 de mayo de 1609 a los 72 años. De ella se habla de ilustraciones divinas y visitas del cielo. De esta continua meditación, entre muchos frutos, le creció la devoción que tenía a los misterios de la vida de Cristo, a su Sagrada Pasión, al Santísimo Sacramento y a la Virgen Nuestra Señora.

Su nombre figura en el “Martirologio Franciscano”, como religiosa de relevante santidad. Su cuerpo se conserva incorrupto y con gran veneración por parte de las religiosas.