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La vocación

Toda vida es una vocación. Es una radical llamada de Dios a la realización de toda persona. Dios es Padre y Él tiene siempre un proyecto para que cada uno. Descubre ese sueño que Dios tiene para ti.

Dentro de la iglesia hay muchos caminos que desarrollan gran variedad de funciones. Todos suman y sirven a la gran familia de Dios. El de nosotras es una vocación de Vida Contemplativa. Es un sí incondicional, primero a la vida y después a una llamada más sublime: a vivir como hijos de Dios.

Seguir a Jesús nunca fue ni será siempre fácil, porque su exigencia; “Vete, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres… luego ven y sígueme” (Mt 19,21), implica un deseo profundo de vivir con Él, y como Él para siempre, en toda ocasión y momento. Es compartir su camino, ofreciendo lo que somos, lo que tenemos. Solo Él sacia definitivamente nuestra sed de felicidad.

Nuestra vocación religiosa se puede comparar con un bosque frondoso. Contemplando los arboles de ese bosque, vemos diferentes formas y tamaños: los más grandes, los más fuertes o los más bellos. Están los que resisten los vientos huracanados, las tormentas, el fuerte sol del verano o la crudeza del invierno. Vemos su tronco, su copa, sus hojas, sus frutos y sus ramas, pero hay una parte invisible al ojo humano, las raíces; sin ellas, esos arboles no serían grandes, fuertes, ni bellos.

El secreto del árbol es la raíz. Fijándonos en los arboles quizá se llegue a comprender mejor que en la Iglesia, la vida contemplativa tiene vocación de ser raíz.

En nuestra vida cotidiana, a través de la liturgia y la oración, nos comunicamos con Dios varias veces al día. Vivimos como hermanas de una misma familia, pero para decir verdad, también nos acompaña la cruz del Señor. Somos felices, porque sabemos que el árbol se sostiene y desarrolla gracias a las raíces, que simbolizan la vida contemplativa.

¿Cómo puedo saber si tengo vocación a la vida contemplativa?

Una vocación concepcionista franciscana

La respuesta a esta pregunta puede ser muy compleja, aunque tiene una respuesta simple: dejando que sea Dios quien viva y actúe en nosotros.

Si pasamos de la pura actividad, en la que solo pensamos en dar, a la pasividad en la que nos disponemos a recibir, podremos escuchar y estar atentas a las señales. Escucha, mira, vive, experimenta. Para ello, necesitas silencio interior y exterior. Hazte preguntas.

Si alguna vez has sentido una plenitud sorprendente como persona que desea orar siempre por los demás, en una entrega incondicional, ¡Atención!, ya tienes un elemento que te está llamando a remar mar adentro y responder a la llamada de Jesús. Pide consejo a alguien de confianza y comienza tu discernimiento vocacional. No estás sola, infórmate y pregunta tus dudas. Utiliza los recursos de comunicación que existen hoy en día. Conoce las etapas de nuestra vocación Concepcionista. Busca respuestas.

Ser contemplativa no es un oficio extraño o algo anticuado en pleno siglo XXI. Muchas jóvenes siguen siendo valientes y descubren un camino nuevo y emocionante. Escucha tu corazón. ¿Qué es lo que anhelas? ¿Qué te dice lo que te rodea? ¿Por cuál camino te lleva Dios?

Si ves esa luz, toma la decisión, puede que te asuste y sientas temor, pero no te preocupes. Decir “si”, es una respuesta que con el apoyo del Espíritu Santo, puedes ver con más claridad. Ponte en contacto con el monasterio que te quede más cerca y pide información en alguno de los monasterios de nuestra Federación